Por L.Guinea
España es punto de destino de muchos ciclistas profesionales. La buena climatología la convierten en un enclave privilegiado a la hora de entrenar. Todo el mundo conoce la bonanza de Girona, Mallorca, Benidorm o Canarias para la puesta a punto, e incluso para vivir durante la temporada. Pero hay un destino singular, casi inexplicable, para un buen grupo de profesionales: Pamplona. La capital navarra es, posiblemente la población española con más corredores profesionales por metro cuadrado. Están los de casa, más una decena larga de extranjeros.
Pamplona está a 449 metros sobre el nivel del mar, tiene un clima que está en la transición del Mediterráneo y el Atlántico, con 2.221 horas de sol al año, también 42 días al año con heladas. Su situación geográfica es privilegiada, está a menos de 50 kilómetros del Pirineo, y si cuenta con tantos ciclistas es porque en Navarra hay tres estructuras profesionales. Dos domiciliadas -Movistar y Caja Rural- y otra con más de una tercera parte de ciclistas navarros: Euskaltel.
A Eusebio Unzué y José Miguel Echávarri les ha gustado tener a los corredores extranjeros en Pamplona, por una cuestión de simple funcionalidad. El primero en pasar por aquí fue el uruguayo Héctor Rondán, que después de correr en el Reynolds de los 80 se estableció en Navarra, y hoy es director del equipo Reyno de Navarra Telco,m Maderas de pista y aficionados.
“Es mejor tener al corredor en Pamplona. Por una cuestión de logística comodidad para los desplazamientos y cuestiones de calendario, pero también para tenerlos mejor controlados”, explicaba hace un tiempo Eusebio Unzué, manager del Movistar. “Los equipos en el futuro tenderán a concentrar a sus ciclistas durante la temporada en una misma ciudad, es una cuestión lógica”.

Venir sin familia
En la actualidad hay casi una decena de ciclistas profesionales navarros que se entrenan en Pamplona. Chente García, Javier Iriarte y Enrique Sanz (Movistar), Xabier Zandio (Sky), Juanjo Oroz, Javier Aramendia, Jorge Azanza, Alan Pérez Lezáun (Euskaltel). A estos hay que sumar prácticamente otra decena de extranjeros del Pro Tour: El costarricense Andrey Amador, el colombiano Mauricio Soler y el bielorruso Vasil Kyrienka (Movistar). Los rusos Denis Menchov y Dimitry Kozontchuk, y los colombianos Mauricio Ardila y Fabio Duarte (Geox); el colombiano Rigoberto Urán (Sky) y el ruso Vladimir Karpets (Katsuha). Todos están distribuidos entre Pamplona y su comarca. La gran mayoría, a excepción de Menchov y Karpets, se viene a España de febrero a octubre, y lo hace sin su familia.
“No tiene que ser fácil venir a un país que no es el tuyo y dejar en casa a la familia, pero los corredores se aclimatan bien a la ciudad. Pero esta gente tiene una forma de vida que no es convencional, y se pueden pasar meses sin ver a su familia, y lo llevan bien”, explica Alfonso Galilea, uno de los directores del Movistar Team.
Menchov, por ejemplo, fue de los pioneros de esta nueva remesa de extranjeros, vino a Pamplona cuando era aficionado. Se instaló primero en la residencia Fuerte del Príncipe, del Gobierno de Navarra. Más tarde, cuando pasó a profesionales se independizó en su propia casa. Ahora los ciclistas alquilan sus pisos, se organizan por su cuenta.

“Yo lo que más extrañé al principio fue el clima. Me costaba salir a entrenar con tanto frío, pero enseguida te acostumbras. Es una ciudad cómoda, muy buena para entrenar y aquí hay muchos compañeros con los que salir a entrenar. Yo salgo con Enrique Sanz, Iriarte o con mis ex compañeros del Lizarte”, explica Andrey Amador, que ahora vive en un piso en Orkoien, apenas cinco kilómetros de Pamplona.
A Xabier Zandio le ha tocado ser el anfitrión de muchos de ellos, desde Menchov hasta Urán. “Son gente que se adapta muy bien aquí. Los primeros días les enseñas cómo es la ciudad, dónde encontrar cosas y, básico, por dónde entrenar bien. Y se hacen rápido al sitio”, explica el pamplonés del Sky. “Cuando llevan un tiempo por aquí ellos se organizan muy bien, son gente apañada. Salimos a entrenar juntos siempre que nuestros calendarios nos dejan, y también solemos ir a cenar juntos por ahí, son gente muy maja y han encajado perfectamente aquí y en la ciudad”.
Estilos diferentes
Denis Menchov y Vladimir Karpets fueron los precursores de toda la Legión Extranjera que habita en Navarra. Menchov llegó a la Comunidad foral cuando era un adolescente, se instaló primero en la Residencia Fuerte del Príncipe en su época de aficionados. Más tarde emigró, vivió primero en Mutilva, más tarde en Gorraiz. Se pasa todo el curso en Navarra, sólo se traslada a Orel (Rusia) cuando ha terminado la temporada hasta el invierno siguiente, de septiembre a comienzos de enero. Se casó justo después de ganar el Tour del Porvenir, sus tres hijos han nacido en Pamplona.
“Mi mujer lo pasa peor, sobre todo por el idioma. Ella y los niños suelen vivir aquí por temporadas, van y vienen a Rusia. Yo aquí estoy a gusto, pero no sé qué pasará cuando termine mi carrera, imagino que volveré a Rusia, pero aquí se está bien. Hay buenos compañeros de entrenamiento, buenos sitios para entrenar, se vive bien… ¿Qué más?”, dice Denis.
El caso de Karpets quizá sea más radical aún. Primero estuvo en Gerona cuando militaba en el Itera, pero desde que fichó por el ibanesto.com se han instalado en Alzuza, un pueblo pequeñito a una decena de kilómetros de Pamplona, donde se encuentra el Museo Oteiza. Los hijos de Vladimir también han nacido en Navarra, y a diferencia de Menchov, el corredor del Katusha solo vuelve a Rusia, concretamente a San Petersburgo un mes al año, durante las vacaciones, poco más. Él no ha descartado instalarse definitivamente aquí.
Los corredores sudamericanos tienen otro estilo. Vienen a tiro hecho. Los colombianos, por ejemplo, tienen un clima muy benigno para entrenarse en casa durante todo el tiempo, por lo que se trasladan a Europa para ciclos concretos de competición. Ninguno de ellos se ha venido con la familia, pero viven y trabajan con otro estilo.
“Ellos se organizan muy bien. Cuando pueden empalmar varios días seguidos sin carreras no lo dudan, cogen los billetes y se van por temporadas. Tienen la ventaja de que allí pueden entrenar siempre con buen tiempo. Rigoberto, por ejemplo, cuando acabe la Lieja se va a su país para entrenar hasta el Dauphiné”, explica Zandio. “Su casa ya está a 2.000 metros, y el tiempo lo tienen asegurado. Aquí con lo que peor lo pasan es con el frío y la época que hay más lluvia, entonces sufren”.

La legión extranjera de amateurs
Pero la importación de ciclistas no solo tiene fundamento en la categoría de profesionales, cuenta también con ramificaciones amateurs. Héctor Rondán, el uruguayo que ficharon Echávarri y Unzué para el primer Reynolds profesional y que hoy es director del Reyno de Navarra Telcom fue, posiblemente el primer ciclista extranjero que se instaló por estas tierras. Hoy él es quien trae corredores aquí para que se fogueen. Ha tenido a uruguayos, holandeses, argentinos, incluso un marroquí.
El Caja Rural, tanto profesionales como amateurs, también cuenta con una buena nómina de ciclistas extranjeros. Un par de holandeses, rusos, Fabricio Ferrari… los albergan en pisos que tienen en Pamplona y Alsasua, y se han encontrado con casos curiosos.
“A mí el caso que más me ha llamado la atención es el de Van Geffen. Este chaval era profesional del Rabobank III, pero es un holandés que sube mucho, él dice que es un escalador y dejó voluntariamente Rabobank para venirse con nosotros porque quería correr en un equipo con escaladores, y el resultado está siendo muy bueno”, comentaba Floren Esquisábel en la presentación del Caja Rural.
A algunos miembros de la Legión Extranjera de Pamplona la ciudad y sus costumbres les cambiaron. Claus Michael Möller, un viejo conocido del ACR en aficionados, del TVM en profesionales, se hizo como ciclista en Navarra y se estableció definitivamente en la península. Otros, aficionados en este caso, como Luis Moyano entraron en Europa por Pamplona en busca de una oportunidad. Ser ciclista en Argentina era un sueño irrealizable. Buscó suerte en tierras navarras, fue un buen aficionado pero por edad no consiguió dar el salto. Aún así ha decidido instalarse en Villava. Allí conoció a su pareja, y ahora es su familia argentina la que se quiere venir a España. El ciclismo y Pamplona cambiaron su vida.

Luis Guinea
@luisgui2