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COL DU CHAT - GRAND COLOMBIER (ALPES/FRANCIA)

Dos grandes: uno ignorado, el otro  olvidado
por Rubén Berasategui y Angel Morales
   

En esta ocasión el “sueño vital” de Ángel y Rubén nos lleva a conocer dos nuevos puertos que deberían más utilizados en las grandes pruebas ciclistas y, por ende, más conocidos por el gran público. Cuando te acerques a los Alpes no dejes de seguir los sabios consejos de nuestros dos grandes amigos y prestigiosos “grimpeurs”.
 

A comienzos de los años 90 e impulsado por Perico primero e Indurain después, me picó el gusanillo ciclista y rápidamente me di cuenta de que lo que más llamaba mi atención en este mundillo eran los puertos de montaña. Por aquel entonces toda la información a la que podía acceder eran los puertos que se subían en carreras profesionales, fundamentalmente Vuelta, Giro y Tour. Recuerdo con cariño los perfiles que uno de los pioneros de las altimetrías en España, el “maestro” Mario Ruíz, nos presentaba en una de las escasas revistas especializadas en ciclismo que había en aquella época. Lógicamente éstos se referían a los puertos de esas ediciones y al final muchos de ellos eran repetitivos, pues había poca variación. Cualquier perfil nuevo era recibido con expectación y qué decir de aquellos números que desgraciadamente no tuvieron continuidad, pero en la que nos presentó puertos europeos que no eran frecuentados por las grandes vueltas, como el Kaunertal, el Nivolet, el Grossglockner…¡menudo lujazo!
Un día y de casualidad,  mirando la sección de deportes de un amplia librería en San Sebastián, cayó en mis manos un libro de altigrafías de los Alpes de “Altigraph”. Fijaos qué tiempos aquellos que estaba en francés y aún no habían salido la versión traducida al español ni las cuatro ediciones que dedicaron por zonas al Pirineo.
Ojeándolo vi muchos puertos conocidos (Madeleine, Galibier, Alpe d’Huez,…), pero otros muchos que no lo eran. Los kilómetros más duros de la mayoría de ellos siempre arrojaban pendientes entre el 8-10%; rara vez alguno superaba los dos dígitos. Hubo uno que llamó poderosamente mi atención por la dureza de sus números, situado además en orden geográfico en medio de todo el meollo. Su nombre era el de Mont du Chat (no confundir con el cercano Col du Chat (638 m), y que no tiene nada que ver). Mi pregunta era clara: si tanto se quejan en Francia de que los puertos son tendidos, ¿por qué no suben esto?, ¿será una carreterucha olvidada?, ¿tendrá un complicado acceso?, ¿cómo es que no conozco nada de este puerto? Enseguida supe que algún día tenía que ir a descubrir por mí mismo los misterios o secretos de este puertazo olvidado por completo por el Tour de Francia.


Mont du Chat (el gran olvidado)
No podemos decir que el Mont du Chat esté ignorado ya que en 1974 -ya ha llovido-, se subió en el Tour de Francia por su vertiente oeste, la de Yenne, siendo el español Gonzalo Aja el primero en su cima. Sírvanos este dato para decir que el bravo corredor cántabro finalizó dicho Tour en quinta posición y que durante siete jornadas estuvo en el segundo puesto de la general. Una inoportuna caída le impidió luchar por el pódium y quién sabe si por algo más, pues era una de las etapas clave y se encontraba a minuto y medio del belga Merckx.
Una soleada mañana de agosto nos acercamos a Bourget du Lac para conocer este puerto. Ese imponente lago de origen glacial es el más grande de Francia y alberga tal cantidad de agua como al equivalente del consumo anual de agua potable de este país. La primera impresión antes de afrontar la subida es que se ve la antena situada en la cima, desde la localidad de partida. Lo primero que uno piensa es que “no parece estar tan alta”. No da la impresión de tener que salvar un desnivel de más de 1200 m, pero luego, y como seguro que os habrá pasado en más de una ascensión, lo que parecía estar cerca no lo está tanto y… ¡vaya que si hay que subir y subir para coronar este puerto que tampoco es muy alto que digamos, pues ronda los 1500 m de altitud!
El comienzo de la escalada da treguas, pero sólo en sus dos primeros kilómetros, mientras vamos poco a poco abandonando Le Bourget du Lac y dejando su inmenso lago cada vez más abajo. A partir del tercer kilómetro ya no hay tregua. La pendiente se estabiliza entorno a un 10% y no cede ni un ápice. Las herraduras del comienzo nos distraen y disimulan un poco la pendiente, pero a mitad de puerto, éstas ya no son tan continuas y lo único que le queda a uno es pasar por largas rectas, por una carretera ancha pero sin apenas señalización y que está bien asfaltada, si bien la bicicleta no rueda tan fácil como en el Alpe d’Huez, pues el asfalto aquí es algo más rugoso. Sin duda es una subida durísima porque ese 10% mantenido durante tantos kilómetros lo hemos visto en el Giro en varios puertos (me vienen a la memoria el Giau, San Carlo,…), pero no en el Tour, a excepción quizás del Granon, otro gran olvidado. Mientras lo subía no paraba de pensar, ¿cómo no incluyen esto? Ambas vertientes en perfecto estado, en una zona donde el Tour suele pasar muchísimas veces y, sin embargo, parece que no quieran saber nada de este Mont du Chat que no decepcionará a nadie. El último kilómetro y sólo al final da de nuevo un respiro. Los números globales hablan de 13,5 km a más del 9% de media dejando bien a las claras que pocos puertos habituales en el Tour tienen una media tan alta. No tiene kilómetros al 15%, pero es que tampoco hay descansos. Quizás de los puertos que más daño puedan hacer si te sacan de rueda. La otra vertiente no la pudimos conocer, pues bajamos por donde habíamos subido, si bien os dejamos con el perfil que nos ha dejado el maestro Mario. Desde Yenne sí parece una subida más irregular. Más descansos, pero con rampas también más duras. Se suba por donde se suba, un HC (Hors Catégorie) en toda regla que sigue en el olvido.


Col du Grand Colombier (el gran ignorado)
Antes de hablar sobre este puerto conviene hacer dos breves matizaciones. La primera es la de no confundir este puerto con la Colombière, puerto que ha sido transitado por el Tour en innumerables ocasiones, pasadas y recientes. La segunda es que el título que le hemos dado a este artículo no es del todo exacto. Puesto que sí es un puerto inédito e ignorado por el Tour de Francia, ya que jamás se ha subido en dicha carrera, pero no así en carreras profesionales, como el Tour de l’Ain de este mismo año (2010) y donde Haimar Zubeldia fraguó en sus rampas su victoria en la general final. Por lo que el título de “ignorado” podemos ponerlo entre comillas.
El puerto del Grand Colombier tiene al menos cuatro vertientes distintas, algunas de las cuales enlazan en algún punto de la subida al estilo de la Pierre San Martin en los Pirineos. Se suba por donde se suba es un puertazo donde rondamos los 1300 m de desnivel en 15-20 km (dependiendo de por dónde lo subamos). Nosotros, y para variar, elegimos la que creemos que es la vertiente más dura de todas ellas, la de Artemare, pero subiendo por le Virieu le Petit, punto donde nos adentraremos por espacio de cinco kilómetros en un bosque al estilo del conocido Marie Blanque y con pendientes bastante peores que éste: una vertiente que pudieron comprobar los corredores del Tour d’Avenir en 1978, pillándoles desprevenidos con los desarrollos que llevaban y sufriendo sus terribles rampas (algunos hasta tuvieron el “honor” de hacer un pequeño paseo a pie). Así es, ese tramo es especialmente difícil, y hasta hay una señal de advertencia: ¡peligro!, pendiente de 19% por espacio de 1,5 km. No os asustéis, no se llega a tanto, pero es un tramo especialmente difícil y que guarda gran parecido con el tramo final del famoso puerto pirenaico que tanto hace sufrir en la QH, si bien, aquí es un kilómetro más largo y con más media. Así es, serán 5 km al 11,7% de media y además alguno de los kilómetros rondará el 14%. Pocas veces he subido kilómetros tan duros en puertos franceses. Por si esto fuera poco, al abandonar este tramo infernal la subida aún no habrá terminado, restando aún cuatro kilómetros y los tres últimos ciertamente exigentes. Es sin lugar a dudas la vertiente más dura del Grand Colombier, pero como os decimos no es la única, pudiendo subirse por al menos tres más.

Vertiente Oeste: Probablemente la más sencilla de todas, la alternativa a la vía directa pasando por el pueblo de Brenaz. Aún así no hay que menospreciar sus kilómetros al 9% a mitad de la subida y uno al 11% de media y porcentajes del 14% justo antes conectar con la vía directa. Los últimos 4 km comparten ruta con dicha vía directa de Artemare. A su favor cuenta con la abundante sombra de los pinos que encontraremos frecuentemente en la parte inicial y media de la ascensión.

Vertiente Este: Arranca en la pequeña población de Anglefort en las cercanías de Seyssel. Es la menos conocida pero de una gran dificultad. Nada más salir de Anglefort encontramos 8 km al 9.5% de media y pendientes de hasta el 15%: ¡ahí es nada! Los 6 restantes son más fáciles, al  6%, pero viniendo del tramo anterior se hacen eternos y todo esto sin nada de sombra.

Vertiente Sur: En Culoz empieza esta espectacular vertiente con un inicio del puerto con la carretera cortada en la roca de la montaña y ganando altura en numerosas curvas de herradura, una muy cerca de la otra. Prácticamente se sube por una pared de piedra y las vistas sobre el valle y el Lago de Bourguet son inmejorables. Estos primeros 7 km hasta salvar la pared rocosa ya son al 8.5% de media y les siguen 2 más de descanso hasta enlazar con la vertiente de Anglefort, por lo que los últimos 9 km comparten la dureza con la vertiente este.


Las vistas desde la cima son espectaculares, pues los pueblos y ciudades de donde partimos están casi al nivel del mar y en nada hemos subido a más de 1500 m de nuevo para poder dominar toda la zona desde la cima de este puerto.
Encadenar estos dos puertos es perfectamente posible y como os comentamos, el lugar donde se encuentran, es una zona frecuentada por el Tour: Chambéry, Aix Les Bains, Annecy (donde Contador ganó la crono en el 2009), son lugares transitados por la Gran Boucle y que no quedan lejos.
Resulta difícil entender cómo, a día de hoy, uno se ha subido una vez y el otro está inédito en la prueba por etapas más importante del mundo; siendo, como son, dos puertos de paso y que además podrían enlazarse y subirse en una misma etapa. Algunos aficionados al leer esto se estarán echando las manos a la cabeza, otros frotándose las manos. Los profesionales que nos lean ya dirán, “ya vienen estos dos a dar ideas”. Pero aquí no estamos hablando de Nebelhorns, ni siquiera Zoncolanes o Anglirus; estamos hablando de dos puertos, muy duros, eso sí, pero dos puertos donde podríamos ver ciclismo y del bueno, y qué mejor escaparate que la mejor prueba por etapas del mundo como es el Tour. ¿Para cuándo, Sr. Proudhomme?


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