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LAMMERSDORFER (AUSTRIA)

Regalo de cumpleaños

Texto: Rubén Berasategui.  Altimetrías: Angel Morales
Fotos: Angel Morales, Aitor Antxustegi y Rubén Berasategui.  Coordina: APM


Llegó el día 13 de agosto, mi cumpleaños, y como casi siempre me coge fuera de casa. Ya me ocupo de comerme el pastel y celebrarlo con la familia a primeros de agosto. Cuando me preguntan qué regalo quiero, siempre digo lo mismo: salir en bicicleta y hacer un puerto nuevo; no puede haber mejor regalo para mí. Este año tuve un regalo un tanto especial: siempre recordaré que el día que cumplí los 40 subí el Lammersdorfer, un puerto nuevo y además durísimo. Para Ángel era un cumpleaños especial y con un puerto que tarde o temprano había que subir. Estaba en esa carpeta que tenemos de “puertos pendientes” y ocupando un lugar privilegiado en la lista. En la primera página, sin duda.
El LammersdoferBerg es un puerto al que yo también le tenía muchas ganas. Ya os he hablado alguna vez de la Web de Claudio, que fue la primera página en Internet en la que indagué sobre puertos de montaña y que me abrió muchos caminos. Hoy, visto con perspectiva, y guiado por Ángel, puedo decir que he seguido muchos de ellos. El Lammersdofer era como un puerto fantasma, primero en la lista de puertos de Austria (con fama de tener los más duros de Europa), pero del que apenas sabíamos nada. Entrabas en el gráfico de Salite y te asustabas de los números que daba, pero muchos de estos perfiles están hechos sobre mapa y no son fiables al 100%. Realmente no sabíamos nada en claro, no había un perfil detallado ni fotos del puerto para hacerte una idea del mismo. No había otro camino: teníamos que ir a conocerlo in situ.
La madrugada del 13 de agosto sabía que me enfrentaba a uno de los grandes. La víspera había sido una jornada agotadora y con un traslado en la parte final para llegar a Millstatt, pueblo turístico al pie de un inmenso lago, el Millsttatersee, uno de los numerosos lagos de la Carintia (Kartern) y lugar muy visitado por los veraneantes, sobre todo holandeses, para practicar todo tipo de deporte acuático: windsurf, pesca e incluso el baño, pues las aguas de estos lagos en verano sobrepasan los 20 º C de temperatura. Para cuando llegamos ya había cenado todo el mundo y en el restaurante tuvieron la gentileza de hacernos algo de pasta, mientras los comensales disfrutaban de una sobremesa junto al lago, animada por una banda que estaba tocando música. Nosotros, dentro del bar, devorábamos la única comida caliente de ese día y tratábamos de cargar pilas para la jornada siguiente. Cuando sobre las 12 de la noche nos levantamos de la mesa, la banda ya se había ido y los turistas también. Esto en España continuaría con una juerga de impresión en pubs y discotecas hasta el amanecer, pero el turista que viene a esta zona busca otras cosas y, por suerte para nosotros, cuando nos retiramos al hotel, el único ruido que se escuchaba era el de nuestras voces, tratando de ultimar los horarios de la jornada siguiente.
Ángel nos había preparado al grupo que vinimos (nos juntamos con 5 amigos catalanes esa misma noche) una etapa circular con dos puertazos. Nosotros ya conocemos a Ángel y sabemos lo que nos puede esperar, pero el resto no y más de uno se llevó una tremenda sorpresa al día siguiente, pues pensaban que no podía haber nada más duro que el puerto que habían subido ellos la víspera, ni más ni menos que el Zoncolan.

Tras un desayuno potente, comenzamos la etapa. Un comienzo sencillo y que sirve de calentamiento para acercarnos al primer puerto del día el Gerlitzen. Como tantas otras veces, un puerto de este calibre bien podría ser el rey de la etapa o de una vuelta por etapas (hace 20 años seguro); hoy es el suave de los dos a subir. Tiene algo más de 15 km y un desnivel de 1280 m, lo que da una pendiente media del 8,4%. Unos números globales muy parecidos a los del famoso Larrau. Una primera parte más suave, hasta el cruce pasado Arriach, y una segunda parte muy dura donde en 10,1 km salvamos casi 1000 m,  a una media del 10%. Números que ya los quisieran para sí muchos puertos.
El puerto no es nada fácil, con mucho desnivel y buenas pendientes, pero la carretera es encantadora, en perfecto estado y va subiendo la montaña atravesando bosques y praderas. Sólo el último kilómetro es de tierra muy compacta y no da ningún problema para subir en bicicleta. La cima se encuentra plagada de gente haciendo excursionismo; además hay un gran refugio con varias terrazas. Es un lugar muy visitado y hay unas vistas impresionantes sobre los Alpes y lagos de la zona.  La simpática y muy guapa Denisse, está tratando de reclutar gente que se anime a bajar en parapente. La idea es muy tentadora y además encuentra solución  a todas las pegas que le ponemos (qué hacemos con las bicis, no tenemos zapatos, etc…). Un par de besos y la pena de no habernos sacado una foto con ella para este reportaje  es todo lo que puedo contaros. Después de tomarnos una Coca-Cola todos juntos, pues el puerto había roto nuestro hoy numeroso pelotón, nos disponemos a bajar por la vertiente sur. Por esta vertiente, la carretera no llega hasta la cima, se queda en la cota 1700. No hay problema, tomamos un camino de excursionismo que hacemos prácticamente en su totalidad sobre la bici y en poco más de un kilómetro alcanzamos la carretera asfaltada que nos llevará hasta otro gran lago, en esta ocasión el Ossiachersee, ya abajo. De aquí hasta la base del último puerto nos metemos por carreteras secundarias para evitar las nacionales. Como consecuencia nos topamos con carreteras llenas de repechos,  algunos bastantes duros. Me hacen gracia los dos chicos de Barcelona que no conocía y que nunca habían salido conmigo. Van diciendo ¿pero esto qué es? Pues no os queda nada, pienso. Además llevan un 34x27 que, en Austria y conmigo, es un problema, jeje.
Así nos plantamos a pie de nuestro puerto “fantasma”. Poco he oído hablar de él y nada sabemos de lo que nos va a ofrecer. El corazón se me acelera, ¿qué me voy a encontrar? Duro ya sé que va a ser, pero mis preguntas son: ¿será desigual  o será constante? Esto hace grande estos viajes: el no saber a ciencia cierta a qué te enfrentas. Tengo un gusanillo en el estómago que lleva toda la mañana dándome vueltas. La salida del lago es dura, kilómetro y medio exigente a casi el 12% de media, pero sólo es un precalentamiento. Le siguen 2 km de falsos llanos para recuperar todas las fuerzas posibles y afrontar la durísima parte final. Van a ser 5,1 km infernales a más del 15% de media. El puerto no da ni una tregua, pero no presenta rampas imposibles. Hay que coger un ritmo y elegir un buen desarrollo para poder subirlo. La etapa ha sido exigente y este final, muy duro de por sí, es el remate. Yo he sido precavido y he venido con una relación 1 a 1; el poco peso de Ángel y Molons les permite ir más atrancados, pero apenas pueden sentarse. Por detrás la cosa creo que va bastante peor. No se esperaban algo tan brutal y, cuando en la terraza del refugio y disfrutando del día y del momento, preguntamos si este o el Zoncolan. la respuesta es unánime: esto es más duro que el Zoncolan.
Sinceramente no lo sé: cuando he subido el Kaiser siempre lo he hecho fresco. Plantarte aquí con cinco horas de dura etapa y subir esto, hace que las impresiones puedan ser distintas. En cualquier caso, es lo más parecido en distancia y pendiente media que he visto al monstruo italiano. Para decidir cuál es más duro, creo que habrá que subir uno y después venir aquí y subir este otro. Ahora sabéis dónde está: ya no tenéis excusa para afrontar el “Zoncolan Austriaco”.


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