Por APM. Colaboran: Gorgonio Ballesteros, M. Ángel Lluva, Ismael Sánchez y R. Landaburu
No admite discusión que la mitad norte de la Comunidad de Madrid tiene una oferta y un atractivo para el ciclismo muy superior a la mitad sur. La sierra de Guadarrama y la sierra Norte tienen, sin duda, un encanto especial. Pero en el sur madrileño también existen bellos rincones, desconocidos para muchos aficionados al ciclismo, incluso de la propia Comunidad: carreteras silenciosas, exentas de tráfico, en las que el sonido de la naturaleza será tu compañero de viaje; bellos parajes entre encinares, campos de vides y olivos; valles que esconden pintorescos pueblos con su particular historia, etc. Si buscas puertos de montaña, aquí no los encontrarás; pero algunas cotas, sin ser muy largas, encierran la suficiente dureza como para satisfacer al más fuerte.
Chinchón, nuestro bello punto de partida, es la excusa perfecta para conocer su historia y sus monumentos, así como para saborear su selecta gastronomía al finalizar nuestro recorrido. A 50 km de Madrid, forma parte de la llamada Comarca de las Vegas (del Tajo, Jarama y Tajuña). Como núcleo urbano comienza a tener importancia en el año 1085, cuando Alfonso VI de Castilla toma Toledo y utiliza esta plaza como bastión para coordinar la conquista de las fortalezas almorávides. Hacia 1480 se convierte en señorío. De esta época es la construcción de su castillo renacentista, Castillo de los Condes, cuyo último uso ha sido el de fábrica de licores. En 1498, sus aldeanos reconstruyen el pueblo en la colina de enfrente, en la que hoy está la iglesia de la Asunción. Quedaba así delimitada su célebre e irregular Plaza, cuyo primer uso fue el de recoger el ganado que era vigilado desde las balconadas de las casas de sus dueños. En 1974, Chinchón fue declarado Conjunto Histórico Artístico.
De sus monumentos, la Plaza Mayor le ha dado fama mundial, usada como corral de comedias, plaza de toros y escenario de célebres películas. Por otro lado, conocido es el dicho de que “Chinchón tiene una torre sin iglesia y una iglesia sin torre” referido a que la antigua iglesia de Nuestra Señora de Gracia fue destruida por los franceses en 1808 y solo se reconstruyó su torre, mientras la iglesia de la Asunción carece de ella.
Nuestro recorrido empieza en esta insigne villa, tomando la carretera M-311 para descender durante 6 km, desde el borde del páramo en el que se encuentra Chinchón, hasta el valle del Tajuña; descenso salpicado de campos de olivos. Este tramo corresponde a una de las subidas más célebres que frecuentan las grupetas del sur madrileño: la Cuesta de Los Molinos. Deberemos extremar las precauciones porque su fácil trazado nos invita a un rápido descenso. Finalizado el mismo, una larga recta nos llevará a pasar sobre el río Tajuña, atravesando su fértil vega salpicada de maizales. Llegaremos al cruce con la M-313 y continuaremos por la M-311 para disfrutar del primer kilómetro de ascensión a la Cuesta de Frascuelo, no sin antes pasar junto a la actual alcoholera de Chinchón, donde se destila su celebérrimo anís. La Cuesta de Frascuelo debe su nombre a la presencia de la Venta de Frascuelo, en los inicios de la subida. Este paraje se hizo tristemente célebre en febrero de 1937, cuando tuvo lugar la batalla del Jarama. En el último tramo de la ascensión, encontraremos un monumento a las Brigadas Internacionales que combatieron en esta zona.
Tras un kilómetro de escalada, alcanzaremos el cruce con la M-302, tomando dirección a la derecha, para descender hasta Morata de Tajuña, localidad famosa por la representación de la Pasión, que ponen en escena sus habitantes por las calles del pueblo el Jueves Santo. Hemos de atravesar la población hasta su Plaza Mayor, donde giraremos a la derecha para buscar la M-315 que nos llevará hasta Valdelaguna.
Tras Morata, tomaremos una carretera en la que difícilmente veremos vehículos a motor. Dotada de un asfalto aceptable, afrontaremos dos kilómetros iniciales de ascensión, de suaves pendientes, que nos colocarán ante unas maravillosas vistas del valle del Tajuña, con la localidad de Morata a nuestros pies. A continuación pedalearemos durante 10 km ascendentes, salpicados de pequeñas bajadas, entre olivos, viñedos, tomillares y espartales, lejos del mundanal ruido, sintiéndonos en comunión con la madre naturaleza. Todo un disfrute para los sentidos.
La localidad de Valdelaguna aparecerá a nuestros pies. Su nombre deriva de la laguna que existía en su cercanía y que fue desecada por las fiebres palúdicas que sus escasas aguas provocaban en la población. Atravesaremos la población en un rápido descenso, buscando la M-316 que nos llevará a Villarejo de Salvanés, que encontraremos a la izquierda, en un cruce. Tras pasar por encima del arroyo Veguilla iniciaremos la segunda dificultad del día, la Cuesta de los Mármoles, que recibe el nombre de la fábrica de mármoles situada junto a su inicio. Sus 2 km con pendientes cercanas al 10% nos harán pasar algún apuro si no contamos con el desarrollo adecuado. Se trata de una subida con sabor clásico, muy clásico; de esas con blancos quitamiedos de cemento, que discurre dentro de un frondoso pinar. Tras nosotros, sobre las copas de los pinos, los tejados de Valdelaguna nos despedirán hasta otra ocasión.
Villarejo de Salvanés, junto a la A-3, en cuyas cercanías percibiremos un sugestivo olor a galletas proveniente de la fábrica de una conocida marca, nos llevará a tomar la M-321, dirección a Villamanrique de Tajo. El asfalto impecable y la inclinación favorable, en torno al 5%, nos permitirán alcanzar altas velocidades durante 10 km, descendiendo al valle del Tajo. Cruzaremos brevemente Villamanrique, tomando la M-325 hacia Colmenar de Oreja. Esta carretera, nos hará disfrutar de un ciclismo tranquilo, sin tráfico, con un buen firme y bello paisaje.
Tras un par de kilómetros comenzaremos “el puerto del día”, unos 9 kms de suave ascensión para abandonar el valle del Tajo. Al principio, los campos de cultivo serán los protagonistas, para entrar entre pintorescos encinares que nos recordarán el oeste madrileño. Finalmente deberemos superar dos exigentes kilómetros al 6% dentro de un espeso pinar que da nombre a esta ascensión: la Cuesta de los Pinos, una de las más bonitas del sur madrileño.
Superada esta dificultad llegaremos a Colmenar de Oreja, localidad de afamados aceites y vinos de la denominación de origen “Vinos de Madrid”. “Tres cosas tiene Colmenar que no las tiene Madrid: las canteras, los hornos y el Puente de Zacatín” dice el célebre cantar. ¿Sabíais que las piedras blancas del Palacio Real de Madrid y de la fuente de la Cibeles provienen de las canteras de Colmenar? Su Plaza Mayor porticada, el Teatro Municipal Diéguez, antiguo corral de comedias, y otros monumentos, la hacen digna de visitar.
Desde Colmenar tomaremos la M-318, dirección Aranjuez, con una vertiginosa bajada a la salida de la localidad (12%) y enseguida saldrá a nuestra derecha la M-324, otra preciosa y tranquila carretera que nos llevará a Villaconejos, capital de los melones, entre viñedos y olivares.
Desde Villaconejos regresaremos a Chinchón por la M-305. Pero antes de terminar nuestro paseo, al llegar a la M-404, giraremos a la izquierda y, tras un kilómetro, atacaremos a la derecha la subida a la Urbanización Nuevo Chinchón, de 1,8 km al 5%, con cortas rampas al 15% y un tramo final de medio kilómetro al 10%, desde el que tendremos magnificas vistas de Chinchón a nuestra derecha. Desde su cima disfrutaremos, si el día está claro, de unas inmejorables vistas de Madrid capital, del valle del Tajuña e incluso de la sierra de Guadarrama.
De vuelta a Chinchón, llegando a la primera rotonda, es obligado coronar el Alto del Castillo, disfrutar de su arquitectura y descender a la Plaza Mayor para dar por terminado este bello y más que alternativo recorrido.